En la piel
La exposición excesiva puede causar quemaduras, manchas y envejecimiento prematuro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala la radiación UV como la principal causa ambiental del cáncer de piel.
Una guía clara y cercana para entender la radiación solar y convertir la protección en un hábito diario, en la ciudad, en la finca, en la cancha o en la playa.
Información de carácter educativo. No reemplaza la valoración de un profesional de la salud.
La luz del sol trae beneficios: nos da ánimo, marca nuestros ritmos y, en pequeñas cantidades, ayuda al cuerpo a producir vitamina D. Pero también contiene radiación ultravioleta (UV), invisible y que no se siente como calor. Por eso puede hacer daño aunque el día esté fresco.
La exposición excesiva puede causar quemaduras, manchas y envejecimiento prematuro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala la radiación UV como la principal causa ambiental del cáncer de piel.
Los ojos también reciben radiación. Según la OMS, la exposición repetida sin protección se relaciona con inflamaciones de la córnea y la conjuntiva, y con el desarrollo de cataratas.
Nuestra ubicación cerca de la línea ecuatorial y la altitud de muchas ciudades andinas hacen que la radiación UV llegue con fuerza. El IDEAM ha emitido alertas por valores altos en distintas temporadas del año.
La radiación ultravioleta que llega a la superficie es principalmente de dos tipos. Una forma sencilla de recordarlos: la A de años y la B de bronceado y quemadura.
Por eso conviene que el protector solar diga «amplio espectro»: significa que protege frente a UVA y UVB. El número FPS indica, sobre todo, la protección frente a la quemadura (UVB).
El índice ultravioleta (IUV) es una escala internacional promovida por la OMS que indica qué tan intensa es la radiación UV en un lugar y momento. Entre más alto el número, menos tiempo tarda la piel en dañarse. La OMS recomienda tomar medidas de protección desde un índice de 3.
Toca un nivel para ver qué hacer:
Ninguna medida protege por sí sola al cien por ciento. La OMS recomienda combinarlas: la sombra y la ropa son la primera línea; el protector solar complementa lo que queda descubierto.
Sobre todo en las horas centrales del día; el IDEAM aconseja evitar la exposición directa aproximadamente entre las 9:00 a. m. y las 4:00 p. m. La sombra reduce la radiación, pero no la elimina: el suelo y el agua la reflejan.
Camisas de manga larga y pantalones de tela de tejido cerrado. Si al ponerla contra la luz casi no deja pasar claridad, protege mejor. Algunas prendas indican su factor de protección UV (UPF).
Mejor de ala ancha, que cubra cara, orejas y cuello. Las gorras protegen la frente, pero dejan expuestas las orejas y la nuca.
Gafas que bloqueen entre el 99 % y el 100 % de los rayos UVA y UVB, como recomienda la OMS, idealmente con diseño envolvente. Lo oscuro del lente no indica cuánto protege.
De amplio espectro y con FPS 30 o más, como sugiere la OMS. Aplícalo en abundancia en la piel descubierta y renuévalo con frecuencia.
La OMS advierte que la piel de niñas y niños es más vulnerable y que las quemaduras en la infancia aumentan el riesgo de problemas de piel en la vida adulta. Enseñarles hábitos desde pequeños es una inversión para toda la vida.
Muchas creencias populares nos llevan a bajar la guardia. Estas son algunas de las más comunes.
La radiación UV atraviesa las nubes. En días grises también puedes quemarte, sobre todo en zonas de montaña.
La OMS aclara que broncearse es una reacción de defensa de la piel ante el daño, y que la protección que brinda es mínima.
El calor viene de la radiación infrarroja; la UV no se siente. En ciudades frescas y altas el índice UV puede ser muy alto.
El protector se pierde con el sudor, el agua y el roce. Hay que reaplicarlo durante el día.
Las pieles con más pigmento se queman con menos facilidad, pero no son inmunes al daño, ni en la piel ni en los ojos.
Ningún protector bloquea toda la radiación. Usarlo para prolongar la exposición anula buena parte de su beneficio.
La exposición diaria en la calle, el trabajo o el deporte se acumula a lo largo de los años.
La OMS advierte que las camas bronceadoras emiten radiación UV y no son una alternativa segura al sol.
Depende de tu exposición real. Si estás cerca de ventanas por muchas horas o sales al sol en trayectos y almuerzos, es buena idea aplicarlo en cara, cuello y manos. Los rayos UVA pueden atravesar el vidrio.
La OMS recomienda un protector de amplio espectro con FPS 30 o superior. Más importante que el número es aplicarlo en cantidad suficiente y renovarlo con frecuencia. Un profesional de la salud puede orientarte si tienes necesidades particulares.
La vitamina D se produce con exposiciones cortas a la luz solar; la OMS reconoce que una pequeña cantidad de radiación UV es necesaria. Si te preocupa tu nivel de vitamina D, consulta con tu médico antes de cambiar tus hábitos de exposición o tomar suplementos.
No necesariamente. Lo que protege es el filtro UV, no el color del lente. Unas gafas oscuras sin filtro pueden ser contraproducentes, porque la pupila se dilata y entra más radiación. Busca gafas que indiquen bloqueo del 99 % al 100 % de UVA y UVB o «UV400».
Sal del sol, refresca la piel con agua a temperatura agradable, hidrátate y evita volver a exponerte. No revientes las ampollas ni te automediques. Si hay ampollas extensas, fiebre, escalofríos, mareo o malestar general, busca atención médica.
Si notas un lunar o mancha nueva, o una existente que cambia de forma, tamaño o color, que pica, sangra o no sana, consulta con un profesional de la salud. Solo una valoración médica puede determinar de qué se trata.
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Este contenido es educativo e informativo, y se basa en recomendaciones generales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el IDEAM y autoridades sanitarias. No constituye consejo médico, no reemplaza la valoración de un profesional de la salud y no garantiza la prevención de ninguna enfermedad. Ninguna medida de protección es absoluta. Ante cualquier síntoma o duda sobre tu salud, consulta a un profesional.
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